Foto: © Barry Domínguez

 

Semblanza en primera persona

Nací en 1949, ocho días después de que la revolución comunista llegó a su culminación en China. Crecí en un ambiente de periodistas y escritores, muchos de los cuales eran también militantes políticos de la izquierda. Mi padre era un poeta formidable: Efraín Huerta; mi madre, Mireya Bravo, era una presencia irradiantes: una y otra vez he dicho que lo bueno que haya en mí o lo valioso que puedo yo dar proviene de ella, de las raíces que ella tejió en los fundamentos de mi existencia.

 

Mi adolescencia y mi juventud fueron librescas y convencionales por partes iguales. En 1968 participé en el movimiento estudiantil de mi país. El 2 de octubre de ese año estaba entre la multitud que fue atacada a balazos por órdenes del gobierno: la tragedia mexicana conocida como la Matanza de Tlatelolco. Esa experiencia marcó, a partir de entonces, toda mi vida.

 

Me debo al sistema de educación pública de mi país. He tenido maestros extraordinarios, pero siempre en ámbitos informales; menciono a dos de ellos: el poeta Gerardo Deniz, el filólogo Antonio Alatorre. Leí mucha poesía en la infancia y en la adolescencia. Hacia mis doce o trece años, la “Canción de jinete” de García Lorca fue lo que produjo el frisson que desencadenó una vocación de escritura, que hasta entonces había sido vocación de lector ávido, desordenado, curioso. He seguido leyendo de todo, hasta los papeles rotos de las calles, según la preceptiva de Cervantes.

 

Tengo una hija, Tania María, que vive en París, y a la que adoro; un nieto, su hijo: Pablo. Estoy casado desde 1993 con Verónica Murguía, una escritora única por su inteligencia deslumbrante, su sentido del humor y su inmensa cultura; es el amor de mi vida.

 

He publicado un puñado de libros de poesía y dos o tres de ensayos. Desde 2005 doy clases formales en dos universidades públicas de México; pero toda la vida, desde mi juventud, he coordinado talleres y ocasionalmente he dictado cursos de temas literarios. Los alumnos que tuve a fines del siglo pasado, son ahora mis maestros.

 

No tengo título universitario; lo digo sin arrogancia, sino con timidez. No me avergüenzo de esa carencia, pero tampoco la proclamo; me hubiera gustado adquirir ciertas destrezas intelectuales que la educación formal de los grados superiores me habría allegado. Mis universidades fueron las salas de redacción de los suplementos literarios y de las revistas en las que he trabajado.

 

A parte de todo esto, desde luego, y no nada más para complacer al doble fantasma de Pessoa y De Campos, tengo en mí todos los sueños del mundo. Uno de ellos; visitar antes de morir la tumba de don Luis de Góngora en la catedral-mezquita de Córdoba.

 

Hago el sesenta por ciento de mis lecturas en inglés; me oriento en francés; he olvidado el poco italiano y el minúsculo catalán que alguna vez farfullé, y desde luego mi alemán es prácticamente inexistente, aunque lo estudié durante un par de semestre olvidadizos en mi adolescencia de bachiller.

 

«David Huerta escribió esta semblanza especialmente para la antología El desprendimiento, que acaba de publicar la prestigiosa editorial española Galaxia Gutenberg; la selección y la edición del libro estuvieron a cargo del poeta Jordi Doce. El desprendimiento reúne poemas de David Huerta de 1972 a 2020. La portada del libro fue diseñada por el artista catalán Frederic Amat. Llegará a librerías el próximo 10 de noviembre.»

 

 

Fotos: © Barry Domínguez

3 respuestas

  1. Felicidades a mi maestro David Huerta, el mejor Cervantista que examina con lupa, una y otra vez, El Quijote de la Mancha y el Seminario Cervantino logra entusiasmar cada clase a sus alumnos, muy significativa y fresa la Portada, los fotogramas hermosos nos traen a la memoria ese pasado necio que no se va nunca. Gracias a la Editorial Galaxia Gutenberg por atreverse a publicar la antología de David Huerta, en el libro un poeta de 24 horas los 365 días del año. Excelente trabajo de todo el equipo.

    Gracias Maestro: por su sinceridad y amor desbordante en la Semblanza, obvio, en el texto literario. Gracias por compartirnos su alegría y su trabajo.

  2. Muchas felicidades mi admiradísimo poeta, me alegro mucho por los amigos españoles que lo van a leer en un sólo volumen. Para mí David Huerta ha sido un deslumbramiento singular en la poesía escrita en castellano.

  3. Enhorabuena, para David, la editorial y todos los involucrados en la publicación de El desprendimiento.
    Luminoso, afable y con un suave rigor, logra que sus discípulos desentrañemos versos, novelas, ensayos en una dicha sin fin.

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