Nació en la Ciudad de México, el 8 de agosto de 1955. Narrador. Estudió Periodismo y Comunicación Colectiva en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Forma parte de la antología El cuento hispanoamericano de Seymour Menton (FCE, 1986).

 

Y fueron a la placita

Logró hacerse de unos buenos pesos sobre la Avenida Juárez. Los pies le dolían de tanto andar para allá y para acá, en el trajín, entre la presurosa gente que ignora la solicitud de unas monedas, cualquier monedita es buena, gracias y que Diosito le de más, jefecita, patroncito. Quizá porque recién pasó la quincena y los burócratas cobraron, los sintió con el codo flojo, pues cooperaron para la causa: la de echarse unos tacos y regresar al barrio con las manos en los bolsillos, capoteando policías para ingresar sin boleto al metro y en el paradero de autobuses de plano hacerse el paisita para que le permitan viajar sin el pago del pasaje, es que no tengo ni un peso, ¿me coopera para un pan?, ya son tres días sin bocado, jefecito. Ya te gustó, manito: estás fuerte, vete a cargar bultos a la Central de Abasto, para que no andes de gorrón, pero en la esquina de Artículo 123 y Eje Central la vio con el rollo de papel higiénico y media flaca pero chamacona, y escuchó la oferta: Chico, grande y mameluco, papito, te trato bien, y sintió que aquél se encariñaba, lo cabuleó para sus adentros: Pérate o qué, ¿te mandas solo?, pero la chica advirtió la protuberancia en la entrepierna: Te trato bien, pagas el hotel, me invitas a cenar y me das lo del pasaje para Ameca; la verdad que sí: estoy de oferta. Y pues de aquí soy, se dijo él y propuso: Traes vestido; antes de Garibaldi hay una placica, la de la Concepción, muy solita: como no queriendo te preparas, alevantas la faldita, te sientas en mis piernas y verás que ni nos tardamos, y nos queda una lanita pa´ cenar y te acompaño a la teminal del bus, ¿va? Va. Y fueron a la placita y al fornicio de rapidín-rapidín, sobre la banca del parquecito, nomás sofocando los jadeos, que a querer o no y pese al profesionalismo de ella, surgían, y como él hacía tiempo que no, y pues se dejó ir aunque escuchó que decía ella: Espérame, yo también, aquí viene, aquí está, abrázame fuerte, orita te doy un papel, y la sintió flojita-flojita aflojarse, casi desvanecerse, y la estrechó mientras miraba que nadie viniera, sin policías a la vista en esa nochecita temprana, airosa, fría, y ya reposados dijo él: A la vueltecita esta un café de chinos, ¿cómo te caería un cafecito con leche y bisquetes con mermelada? Deja, dijo ella: me amarro el cabello y le caminamos, pero cumples tu palabra, ¿va? para no llegar muy tarde a mi pueblo, ¿conoces Ameca?, es rumbo a los volcanes, cerca de la Mujer Dormida. Pero no me beses: ¿sabías que la pandemia cunde? Lo dijo con voz un tanto medrosa, como con pena: ¿Qué tal que traemos el bicho y nos podemos infectar? Dicen que se pega y sube como mancha de aceite, dolor de güesos, calenturas, que se sienten como bochornos, ¿pa´ qué buscarle? Yo no creía en esta plaga, pero mi hermana está muy grave, le voy a llevar aunque sea unos desenfrioles y paracetamol. Ten, cómpralas. Gracias. Pasan frente al Hospitalito, su farmacia: Deme desenfrioles y paracetamol. Entran y salen ancianos que acuden a vacunarse: No-no hay contra el COVID, pe-pero aprovecha: tienen de la antinfluenza y pu-pues… de algo a na-nada, dice el anciano. Luego volvemos, le responde ella

 

Fotos: © Barry Domínguez

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